La carrera por la Intendencia de Asunción ha comenzado y, como ocurre en cada proceso electoral, los ciudadanos vuelven a escuchar promesas de modernización, desarrollo urbano, transparencia y eficiencia administrativa. Sin embargo, la pregunta central parece seguir sin respuesta: ¿alguno de los candidatos posee realmente la capacidad para rescatar a una municipalidad que atraviesa una de las peores crisis de su historia?
La situación de la comuna capitalina trasciende ampliamente una discusión electoral. Asunción enfrenta una combinación de problemas financieros, administrativos y estructurales que amenazan la sostenibilidad misma de su funcionamiento. El elevado nivel de endeudamiento, las dificultades para cumplir compromisos financieros, la falta de inversión en infraestructura y las permanentes denuncias sobre el uso de los recursos públicos han deteriorado la confianza ciudadana en la institución.
En este escenario, resulta llamativo que gran parte del debate político continúe concentrado en slogans y confrontaciones partidarias, mientras las cuestiones de fondo permanecen prácticamente ausentes. ¿Cómo se reducirá el déficit financiero? ¿Cuál será el plan para administrar una estructura municipal sobredimensionada? ¿Qué medidas concretas se adoptarán para transparentar la gestión? ¿Cómo se recuperará la capacidad de inversión de la ciudad?
Uno de los problemas más sensibles es la superpoblación de funcionarios. Durante años, la Municipalidad fue utilizada como un espacio de acumulación política y generación de empleos vinculados a compromisos partidarios. El resultado es una estructura burocrática pesada, costosa y difícil de sostener. Ningún candidato parece dispuesto a explicar cómo enfrentará este problema sin
generar conflictos políticos y sindicales.
La situación del tránsito constituye otro ejemplo de la ausencia de propuestas estructurales. Asunción se ha transformado en una ciudad congestionada, con una planificación vial insuficiente para responder al crecimiento del parque automotor.
Los embotellamientos diarios generan pérdidas económicas, deterioran la calidad de vida y afectan la competitividad de la capital. Sin coordinación con el Gobierno Central y con los municipios vecinos, cualquier promesa de solución corre el riesgo de convertirse en una simple declaración electoral.
También surge una interrogante política de enorme importancia. Si la oposición lograra conquistar la Intendencia, ¿Cómo será la relación con el Poder Ejecutivo? La experiencia paraguaya demuestra que muchas veces las diferencias partidarias terminan afectando la ejecución de proyectos y el acceso a recursos. La ciudadanía necesita cooperación institucional, no enfrentamientos permanentes
entre autoridades
Por ello, quizás el principal debate no sea quién puede ganar la elección, sino quién está verdaderamente preparado para gobernar. La Municipalidad de Asunción ya no necesita un líder electoral ni un operador político. Necesita un administrador con capacidad técnica, experiencia en manejo financiero, independencia de criterio y suficiente autoridad para adoptar decisiones difíciles.
El candidato ideal no es necesariamente el más popular ni el más mediático. Es aquel que pueda presentar un plan serio de sacamiento financiero, reorganización administrativa, recuperación de la infraestructura urbana y modernización institucional.
La próxima clección municipal definirá mucho más que un cambio de autoridades. Determinará si Asunción inicia un proceso de reconstrucción o continúa profundizando una crisis que ya dejó de ser exclusivamente municipal para convertirse en un problema de toda la República.